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Ignatius nació en una granja en las afueras de Florín. Sus principales pasatiempos eran comer panceta y atormentar al muchacho que vivía con él: "Puto inquilino, abrillanta mi silla de montar. Quiero ver mi rostro reflejado en ella."

martes, octubre 10, 2006

Loa al cocido


el Momento se acerca


La primera cucharada de sopa, densa y humeante, atraviesa la reseca garganta, recordándonos nuestra fragilidad. El discurrir de los fideos por nuestra boca y esófago palia la ardiente sensación con su alegre cosquilleo, pero nos avisa sobre los peligros de la solución fácil: esos inocentes trocitos de pasta empiezan a acumularse en nuestro estómago, ocupando el lugar de otros manjares más reputados. Las siguientes cacetadas nos iluminan sobre la cercanía del placer y el sufrimiento: el sabor inigualable, la irritación definitiva. Acabado el primer plato de caldo revisamos nuestra disposición a la avaricia y la falta de previsión. Nuestra experiencia nos avisa, pero somos débiles y sucumbimos a la tentación. Esperamos no arrepentirnos, delirantes en nuestro orgullo, pero, al final, el cocido nos pondrá en nuestro sitio y nos hará lamentar ese segundo plato. Tras la sopa, los garbanzos, la carne y el repollo: la santísima trinidad. ¿Quién podría decantarse por sólo uno de los manjares? Asimilamos la importancia de la variedad y la mezcla y azuzamos nuestra inteligencia. Es la hora de la estrategia. Tenemos clara nuestra meta: el placer definitivo es aquel que se consigue con mayor sufrimiento y en último lugar. Avivamos así nuestras dotes de ahorro y economía, reservando para el final el ingrediente maestro: la panceta. Engordamos nuestra generosidad, ofreciendo nuestro plato a todos los alimentos y recuperamos nuestras capacidades de asombro y maravilla con cada nuevo bocado. Aprendemos la importancia de la ecología, la necesidad de cuidar nuestro entorno. Valoramos los logros de la cadena social, alabando la dedicación de ganaderos y agricultores, los riesgos de camioneros y transportistas, el arte del carnicero, la vocación del frutero. Nos deleitamos ante la fortaleza de nuestro espíritu, capaz de sobreponerse a cualquier mal para disfrutar del inenarrable ágape. Descubrimos la belleza de nuestra propia existencia, vislumbrada en cada trago del irrenunciable caldo de uva que debe acompañar nuestro masticar, confirmada en el instante definitivo, cuando engullimos ese trozo de pan, con la panceta untada, momento en que entramos en comunión con el resto del cosmos. Y, por último, somos conscientes de nuestra propia mortalidad cada vez que, temblorosos, damos por finalizada la sacrosanta ingesta.

16 Comments:

Anonymous palantir said...

Aaaaaaaaaaaaaaaammmeeeeeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnnn.

Me ha conmovido hasta el llanto (y eso que tengo reputación (falsa) de poco sensible).

11:06 p. m.  
Anonymous palantir said...

Matizo.

La reputación, en este caso, no es falsa sino inmerecida (por si los gils...)

8:59 a. m.  
Anonymous aspirantae said...

Cada día le quiero y alabo más sus gustos Ignatius...Esos garbancitos humeantes, ese tocino bien pringaó, esos fideos de talla XXL...Creo que voy a dejarlo, se me está nublando la visión.

11:21 a. m.  
Blogger malperson said...

para el próximo concierto, llévate una termo/petaca con sopa.
con eso y las lizipainas, puedes dejar el cole

11:40 a. m.  
Anonymous Prof. Harnfols said...

Estoy salivando más de lo habitual (que es una barbaridad).

Para cuándo la ingesta.

O sea.

Por favor.

12:10 p. m.  
Anonymous amoalaura said...

Ohh síííí, ohhh sííííí...!!!

Se sumo a la inigualable Prof. Harnfols: ¡¿para cuándo el deleite?!

5:06 p. m.  
Anonymous Prof. Harnfols said...

La panceta os hará libres.

6:25 p. m.  
Anonymous jack, el forastero said...

Habrá que poner la alfombra roja y traer almohadas extras para que los que pierdan el conocimiento , o tengan una experiencia mística.

7:14 p. m.  
Anonymous Araña said...

La pregunta es, ¿cuándo es el momento?

7:28 p. m.  
Blogger Ignatius said...

Pues, como que estamos cerca del asunto. Me estoy planteando el cocido de los sábados para este otoño, ya que el fútbol nos ha dejado. Pero ya sabéis que no depende de mí: El puto inquilino os odia a todos.

8:02 p. m.  
Anonymous Jack el forastero said...

Coincido en lo que he escrito, aunque el de arriba no soy yo (ni siquiera soy araña)

8:02 p. m.  
Anonymous araña said...

Por cierto, cambia el título,

"Leo, al cocido"

8:38 p. m.  
Anonymous jack, el forastero said...

El nick de Jack ,alias el asesino misterioso, es un comodín al que todo el mundo puede acogerse cuando lo crea necesario.
Voy a ir reservando mi quinto estomago , para este Sábado.
Suerte a todos.

11:17 a. m.  
Blogger Malperder said...

Ya se que llego un poco tarde a este post. Pero que sepais que os odio a todos.

Cabrones.

Llevo casi 2 años (por lo menos) sin oler un cocido.

Espero que se os atragante.

6:17 p. m.  
Blogger Ignatius said...

No se preocupe, Malperder, sus comentarios son siempre bienvenidos y, mucho más, su justificado odio.

Le informo de que el cocido aún no ha visto la luz, pero se lo comunicaré puntualmente, cuando el evento suceda.

Espero que el resultado del Madrid-Barsa no haya influido en su mesurado juicio...

12:25 a. m.  
Blogger Malperder said...

Ademas eso.

Asi os pudrais en el infierno. Tu y el puto inquilino.

De todos modos, todavia queda mucha liga.

6:38 p. m.  

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