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Ignatius nació en una granja en las afueras de Florín. Sus principales pasatiempos eran comer panceta y atormentar al muchacho que vivía con él: "Puto inquilino, abrillanta mi silla de montar. Quiero ver mi rostro reflejado en ella."

miércoles, julio 19, 2006

Escorpiones

El otro día, viendo la tele, me encontré con un estupendo documental sobre escorpiones. Afortunadamente, estaba acabando, así que pude ver dos temas la mar de interesantes antes de que mi nivel de tolerancia a los documentales (dos minutos) me hiciera cambiar de canal: la danza nupcial y mamá escorpiona cargando con sus cachorros. Y, repentinamente, tuve una regresión al pasado (¿dónde, si no?) que me hizo rememorar algunos grandes momentos de la humanidad que tenían que ver con estos asombrosos arácnidos.

El primer recuerdo que asocio a los escorpiones data del cole, hacia tercero o cuarto de EGB, cuando disputábamos las competiciones deportivas. Mi equipo se llamaba Escorpio y siempre quedábamos segundos (gloriosas épocas pasadas...). Los primeros eran los capullos del Adidas que nos ganaban por el puto voleibol (las competiciones eran en tres deportes simultáneamente: fútbol (ganabamos nosotros), baloncesto (ganaban ellos) y puto voleibol (ganaban ellos)). En cualquier caso, nuestro nombre molaba mucho más que el suyo y eso, concederéis, es mejor que una victoria (algo así como tener que elegir entre Insumisión (mola)y Pieles Rojas(no mola): ¿a quién le importa el resultado?).

El origen del nombre del equipo estaba ligado con el signo del zodiaco, creo recordar. Los que elegimos el patronímico habíamos nacido bajo la influencia de esa bella constelación (o eso creíamos). No voy a entrar en el inexistente debate sobre las creencias en la astrología, la religión o la panceta (¿cuál es la única verdadera? (lo sé, completamente irrefutable)), porque quiero seguir con los escorpiones.

Dejando el colegio atrás, di un salto en el tiempo y volví a los tiempos de mi adolescencia, cuando me enfrenté cara a cara con el bruthus occinatus (especie de escorpión que se pasea por la sierra madrileña). Conviene resaltar que mi familia paterna siempre ha tenido un pánico total a cualquier tipo de bicho. Y el escorpión, nos pongamos como nos pongamos, es un bicho (y, además, pica). Yo compartía ese terror de manera excelsa. Todavía recuerdo los ojos de mi padre brillando de orgullo, cuando los dos nos subíamos a la misma silla al grito de: MAMÁ, por la presencia en el entarimado de nuestro hogar de algún coleóptero inoportuno.

Pero todo esto cambio el día en que un amigo me enseñó su colección de insectos. Me quedé completamente fascinado. El pánico tornó en curiosidad. Me convertí en el azote de los bichos. Mucha gente se pregunta qué puede impulsar a un ser humano a armarse de botes de cristal, salir al campo, lenvantar toda piedra de tamaño razonable, coger a sus inquilinos, introducirlos en un baño letal de eter, ensartarlos en una aguja, colocar sus patas en la posición más interesante, exponerlos en una caja de cristal y, finalmente, colgar la caja con los cadáveres en la mejor pared de sus habitaciones. La respuesta es bien sencilla: LA VENGANZA. El terror había desaparecido y así nació Ignatius, el vengador.

En menos de un año me hice con una interesante muestra de las más diversas especies de insectos madrileños. También tenía arañas y, por supuesto, un escorpión, que dejó flipado a mi amigo David.

A él no le movía la venganza, pero estaba obsesionado con conseguir un escorpión. Nos pasamos un verano removiendo Roma con Santiago en su búsqueda y el éxito nos sonrió varias veces. La más curiosa fue la primera: cazamos un escorpión enorme. Su desproporcionado tamaño nos hizo decidir que estábamos ante una hembra a punto de dar a luz y, de repente, recordé uno de mis libros favoritos: Mi familia y otros animales. Uno de los capítulos más gloriosos es aquel en el que el joven Gerald Durrell se hace con un escorpión y lo guarda en una caja de cerillas. Al cabo de un tiempo, el escorpión tiene escorpioncitos, que lleva a todas partes subidos en la chepa, hasta que un día la madre del autor, buscando algo con lo que encender el fuego, abre la caja de cerillas y lanza su inesperado contenido al aire, segundos antes de salir corriendo aterrada, esparciendo los pequeños arácnidos por toda la habitación.

Cuando le conté esta historia a David, decidimos que nos íbamos a quedar con mamá escorpión hasta que tuviera a sus hijitos. Felices ante nuestro espíritu científico, dejamos el obeso bicho en un bote de cristal en el garage del chalet de mi amigo y nos bajamos a la piscina para celebrarlo. A la hora de comer, retornamos a nuestros hogares, pero antes le hicimos una visita a la futura madre. Ante nuestro asombro, el bote no estaba donde lo habíamos dejado. Tras diez minutos de angustiosa búsqueda, acudimos al padre de David (que no había sido informado de nuestro experimento) y le preguntamos casualmente si había visto un bote de cristal.

-El del bicho -nos respondió sonriente-. Sí, me ha dado pena que estuviera aquí solo, con esta oscuridad, así que le he puesto un poco de agua y me lo he llevado atrás.

"Atrás" era el lugar de la geografía madrileña donde con mayor intensidad caían los rayos del sol en un mediodía de agosto. A pesar de nuestra carrera, no pudimos salvarla. Aunque siempre tendrá el honor de haber muerto cocinada al vapor.

El último recuerdo que me despertó el documental me llevó a Italia, concretamente a mi primer viaje de fin de curso (cuando era uno de ellos (un alumno)). Nos pasamos media visita a Florencia en busca del mítico Escorpione, un antro del que nos había hablado un amable borracho milanés. Los licores que servían tras su barra tenían la virtud de borrar la memoria y, la verdad, no recuerdo si acábamos encontrándolo...

Para que luego digan que los documentales son un coñazo.

24 Comments:

Blogger malperson said...

otro escorpión mítico

1:04 p. m.  
Anonymous Araña said...

por cierto, ¿quién jugaba en el Adidas?

Y creo que en Florencia encontramos el escorpione, pero no hubo huevos de entrar, por la pinta del garito.

1:36 p. m.  
Anonymous Araña said...

y otra cosa, ahora que se ha redactado la Ley de la Memoria Histórica sólo decir que Ignatius es nuestra memoria histórica.

1:38 p. m.  
Blogger Ignatius said...

no me acuerdo de que era tu equipo, araña (lo siento (y de Iñigo y mi querido Oscar)).

gran escorpión, malperson, ciertamente.

3:59 p. m.  
Anonymous araña said...

je, je. de todos modos hay que reconocer que el nombre era una mierda.

¿en los Scorpio estaban Mac y Pachi?

5:32 p. m.  
Blogger Ignatius said...

Me parece que Pachi sí y Mac no estoy del todo seguro.

6:31 p. m.  
Blogger Ignatius said...

Estimados habitantes del chat, quedan todos ustedes CONVOCADOS el próximo sábado a la DEGUSTACIÓN DE NAVAJAS que se celebrará en la casa blanca a partir de las nueve.

Podéis traer birras y cervezas, además de otros tipos de elixires.

7:57 p. m.  
Blogger Malperder said...

Creo recordar que en aquellos dias el mac se llamaba francis (o incluso atila) y tenia su propio equipo (pero puede que la memoria me falle. Ultimamente me fallan muchas cosas)

9:37 p. m.  
Blogger Ignatius said...

sí, ahora que lo dices, francis jugaba solo (y quedó por encima del Adidas).

Aunque peores cosas se vieron por aquellos tiempos: todavía recuerdo un bote de cristal con un apéndice...

11:14 p. m.  
Blogger Malperder said...

...en beneficio de la ciencia. A la gente hay que educarla hombre!. Además, yo pensaba que solo ibamos a hablar de francis

12:12 a. m.  
Blogger Ignatius said...

bueno, ya sabes que en el chat siempre hay sitio para hablar de los apéndices, sean de quien sean (además, estoy olvidando mi griego (profundo) y confieso que hasta hace poco no he recordado que malperder es el eslovaco de Hildegard...)

12:36 a. m.  
Anonymous Araña said...

francis, también conocido como pumuky, que majo. Recuerdo esos partidos en las canchas de rok, que duraban 5 minutos, hasta que pumuky se llevaba el balón.

10:45 a. m.  
Blogger Ignatius said...

aunque su primo (morritos calientes) era mucho peor...

11:41 a. m.  
Anonymous Araña said...

ese era un cabrón con pintas, pero jugaba bien al volleyball.

11:46 a. m.  
Blogger Ignatius said...

Sí, pero al voleibol era un paquete. ¿Sabes que le he invitado a la navajada de mañana? Me pregunto si vendrá...

1:40 p. m.  
Anonymous Araña said...

¿Son de Albacete?

Tengo que consultar con superblondie, a ver que hacemos, tenemos una comida en casa y luego ya veremos que ganas de navajazos tenemos.

Esta tarde te cuen.

1:47 p. m.  
Blogger Malperder said...

yo me apuntaría, pero no me gustan las navajas. Y la casa blanca me queda un poco a trasmano

4:52 p. m.  
Anonymous lapelos said...

Nosotros en principio sí, pero mañana también tenemos evento mañanero, a ver cómo pasamos el día.

Mañana te cuen. Gracias por la invitación.

7:01 p. m.  
Anonymous Prof. Harnfols said...

Estmados todos,

He vuelto del polo norte. Aparte de todo lo demás (sensacional), en estos diez días he tomado sólotrescervezasentotal. Y ni siquiera eran pintas. ¿Tuxcla alguien? ¿Por favor?

Holaaaaaaaa.

Adelaida.

10:03 a. m.  
Anonymous amoalaura said...

(Que cosas tiene usted, prof. Harnfols...)
Puede contar conmigo para esa cita en el tuxcla: estoy dispuesta a contrariar mis costumbres y hacer ese sacrificio por la causa de sus cervezas.
Sólo diga día (espero que hoy) y hora.

10:51 a. m.  
Anonymous elpep said...

Tuxcla hoy lunes? Bueno, sea.

11:52 a. m.  
Anonymous prof. Harnfols said...

Digo yo. O mañana, si queréis.

12:01 p. m.  
Blogger Ignatius said...

pues habrá que ir...

12:49 p. m.  
Anonymous prof. Harnfols said...

Pues eso... ¿A qué hora abre el Tuxcla?

1:06 p. m.  

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